Editorial Caminos

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Indignados e indignadas del mundo. Uníos para ocupar el futuro

Después de leer Planeta indignado.Ocupando el futuro viene la pregunta ¿qué nos toca hacer a cubanas y cubanos con tanta indignación?. Así expresó Gina Alfonso, directora del Instituro de Filosofía en la presentación de este libro de Josep Maria Antentas y Esther Vivas, que publica la Editorial Caminos en esta feria del libro.

España. Estados Unidos, Canadá Chipre, Portugal, Grecia, Bulgaria, Eslovenia, Túnez, Egipto, Siria, países con una enorme riqueza natural, humana y cultural, riqueza despojada a sus pueblos por la avaricia del capitalismo neoliberal. La indignación colectiva que provoca la opción “sin vida” a la cual empuja cotidianamente la competencia, la propiedad privada y la ganancia sin límites del capital es analizada por Josep Maria Antentas y Esther Vivas en el libro que publica la Editorial Caminos en esta edición de la feria del libro.

Planeta indignado. Ocupando el futuro da cuenta de encrucijadas y bifurcaciones en el camino hacia la luz, de conspiraciones y rebeliones contra políticos y banqueros corruptos que usurpan la dignidad de trabajadoras y trabajadores. En este libro se muestra a los jóvenes, las mujeres, los campesinos, los inmigrantes, los excluidos “sin futuro posible” que no quieren ser más mercancías y gritan ocupando las plazas: ¡No!

Como explican los autores del texto “interpretar la rebelión de los indignados e indignadas no es fácil. Ni poseemos aún la perspectiva histórica suficiente para poder valorar su significado e impacto, ni es posible captar un proceso social de tamaña magnitud en toda su complejidad… La rebelión de los indignados e indignadas tiene como elemento motriz la crítica a los efectos de la crisis y a los intentos de transferir su costo a la mayoría”. La ausencia de sólidos referentes valorativos y la coexistencia de diferentes corrientes ideológicas y políticas en medio de profundas contradicciones, tensiones e incomprensiones, marca algunas visiones intelectuales peyorativas hacia el movimiento. Sin embargo, los nuevos significados que emergen de esas nuevas prácticas son expresión de las transformaciones necesarias para hacer más consistentes y sólidos los sentidos de la lucha.

Una rápida mirada a las noticias del día, aun bajo la manipulación mediática, constata la pluralidad de prácticas de autorreconocimiento y lucha de resistencia cotidiana de clases y grupos, étnicas, comunidades, pueblos y naciones, las cuales se vuelven referentes valorativos de cambios sociales. Los indignados e indignadas, están enfrentando la hegemonía del poder absoluto del capital y las ideologías conservadoras, están desafiando las relaciones de dominación múltiples (económicas, socioculturales, políticas, ecológicas e ideológicas) y construyendo nuevas redes sociales que portan valores identitarios del sujeto de las luchas contra el imperialismo transnacional globalizado.

La subversión del sentido común que naturaliza la imposibilidad trágica de cambiar el mundo comienza por no querer vivir con la opresión, el desempleo, el tráfico sexual y de personas indocumentadas, la inseguridad social, las migraciones forzosas, la mentira hecha verdad por los medios de comunicación, la sociedad y consumismo. El capitalismo no cesa en el empeño de recuperar y asegurar el ideal de “orden perfecto”. En este proceso de justificación del “orden” se construyen nuevos discursos y relatos que acreditan, desde la ciencia o desde la ideología, la veracidad y legitimidad del sistema del capital encubriendo sus prácticas reales, lo cual permite el ocultamiento sistemático y reproductivo de sus valores.

¿Qué hacer para que estas acciones e ideas de rebeldía no sean absorbidas ni manipuladas por los poderes capitalistas o desaparezcan en sucesivos intentos de organizar e institucionalizarlos desde la izquierda?

Como señala Gilberto Valdés en el prólogo a esta edición del libro “el desafío de asumir el tiempo político de los movimientos sociales, despojados de los vicios que lo banalizaron y convirtieron en espectáculo… Ello no implica el regreso a los modos estrategistas de otras épocas ni mucho menos acomodar las exigencias liberadoras de los pueblos a los juegos de la gobernabilidad liberal sino la necesidad de poner en común los sentidos de una construcción de los políticos como proceso de la propia lucha contrahegemónica y los objetivos emancipadores del movimiento social y popular, superando la lógica fragmentaria y sectorializada de lo social”. En el prólogo Gilberto habla de más indignados e indignadas, de los movimientos sociales latinoamericanos que ocupan el presente de Nuestra América “para sentir, pensar y construir futuro con justicia social y ambiental, equidad de género, respeto a las diversidades y la dignidad humana”.

Las manifestaciones de indignados e indignadas van ocupando el planeta con doble intención: primero, como respuesta de resistencia a la desesperanza y la irracionalidad que se la impuesto a los pueblos como modo de vida, y luego, como fuerza para obligar al sistema capitalista a reformular su estrategia de dominación múltiple y global. “Las formas organizativas que tomará la política revolucionaria está por definirse, señalan los autores del libro, el resto es contribuir a alentar las nuevas experiencias y contaminarse de ellas…”.

Después de leer Planeta indignado… viene la pregunta ¿qué nos toca hacer a cubanas y cubanos con tanta indignación? Convertirla en capacidad propositiva que no se limita exclusivamente a la resistencia nacional cultural a partir de convicciones, vivencias y afectos relacionados con un pasado de luchas y valores ya consolidados. Nos toca conquistar el futuro porque… “Nada será como antes. Nada es ya como antes. El presente nos ha abierto una brecha de esperanza en un futuro a ocupar”.

Última modificación: 23 de febrero de 2014 a las 15:23
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